Editorial

Internacionalización educativa: del lugar común al lugar en común

 

Luis Javier Tobón Restrepo        

Licenciado en Filosofía y Ciencias Religiosas

Psicólogo

Especialista en Pedagogía de la Virtualidad

Coordinador Académico – Investigación Internacionalización

Católica del Norte Fundación Universitaria

ljtobonr@ucn.edu.co

 

Germán Augusto Gallego

Geólogo

Especialista en Cooperación Internacional para el Desarrollo

Director Proyecto Universidades Estratégicas

Programa ALFA III

Católica del Norte Fundación Universitaria

gagallego@ucn.edu.co

 

Víctor Manuel Yepes

Administrador de Empresas

Magíster en Educación

Director Comercial e  Internacionalización

Católica del Norte Fundación Universitaria

vyepesm@ucn.edu.co

 

 

 

Los procesos de internacionalización de las instituciones, sean estas educativas, empresariales, sociales o de orden gubernamental, se derivan de la dinámica globalizadora que impone la necesidad de expandir las ofertas de la acción específica (educación, productos, servicios, políticas, etc.), a un mayor número de receptores de tales ofertas; y es que la expansión demográfica acelerada sobre un mismo globo terráqueo que no crece en dimensiones territoriales, es decir, que no se expande tanto en su masa como en sus habitantes y construcciones, ha evidenciado  desde la época de Cristóbal Colón, que no hay rincón que no se pueda conocer, terreno que dominar, cultura que absorber o mente que transformar, pues tarde o temprano, allí donde no existe una necesidad de consumo, llegará la oferta como una posibilidad; y con esta, la tensión, entendida como la brecha entre un estadio de conservación e independencia cultural y uno de estandarización y colonización.  

Este panorama que grafica una tendencia a la homogenización es una mirada de las tantas que se pueden derivar de la ya conocida concepción de Aldea Global. Es claro que la extensión o no de algunas culturas sobre otras, además de la apropiación y contextualización de pensamientos y comportamientos exógenos, no conlleva necesariamente a la polarización de los estilos de vida en una suerte de “ser o no ser”, pero sí expone más abiertamente a las sociedades a las derivaciones de la transculturación. Adviértase sin embargo que aún no se han señalado  consecuencias positivas o negativas de tal situación, solo una causalidad del fenómeno de globalización. 

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