Artículos de Investigación
Doble rol, doble desafío: el impacto de trabajar y estudiar en la permanencia académica de los estudiantes de Trabajo Social
Double Role, Double Challenge: The Impact of Working and Studying on the Academic Persistence of Social Work Students
Doble rol, doble desafío: el impacto de trabajar y estudiar en la permanencia académica de los estudiantes de Trabajo Social
Revista Virtual Universidad Católica del Norte, núm. 78, pp. 87-124, 2026
Fundación Universitaria Católica del Norte

Recepción: 29 Agosto 2025
Aprobación: 23 Abril 2026
Resumen: Los estudiantes de Trabajo Social de la Universidad de Caldas que trabajan enfrentan el doble desafío de equilibrar sus responsabilidades académicas y laborales en un contexto de vulnerabilidad socioeconómica. Aunque la literatura ha abordado la deserción universitaria desde modelos generales, persisten vacíos en el análisis situado de cómo condiciones laborales específicas inciden en la permanencia académica en programas de Trabajo Social. Este estudio tuvo como objetivo analizar la relación entre las condiciones laborales (carga horaria, tipo de vinculación, nivel de ingreso y sector de ocupación) y los indicadores de permanencia académica. Se empleó un enfoque cuantitativo descriptivo con una muestra de 117 estudiantes trabajadores, utilizando encuesta estructurada y análisis estadístico mediante chi-cuadrado y correlación de Spearman en SPSS. Los resultados evidenciaron asociaciones estadísticamente significativas (p ≤ 0,05) entre carga laboral, cansancio físico, cansancio emocional y despersonalización y bajo rendimiento, cancelación de actividades académicas y riesgo de retraso. Este estudio aporta evidencia empírica situada en un programa específico de Trabajo Social en Colombia, integrando variables laborales estructurales y afectaciones emocionales en un mismo modelo relacional. Se concluye que la permanencia depende de la interacción entre exigencias laborales y respuestas institucionales, lo que demanda estrategias de flexibilidad académica y acompañamiento integral.
Palabras clave: Condiciones laborales, Deserción universitaria, Educación superior, Estudiantes trabajadores, Permanencia académica.
Abstract: Social Work students at the University of Caldas who work face the dual challenge of balancing their academic and professional responsibilities within a context of socioeconomic vulnerability. Although the literature has addressed university dropout rates using general models, gaps remain in the contextualized analysis of how specific working conditions affect academic retention in Social Work programs. This study aimed to analyze the relationship between working conditions (workload, type of employment, income level, and sector of occupation) and indicators of academic retention. A descriptive quantitative approach was used with a sample of 117 working students, employing a structured survey and statistical analysis using chi-square and Spearman's rank correlation coefficients in SPSS. The results showed statistically significant associations (p ≤ 0.05) between workload, physical exhaustion, emotional exhaustion and depersonalization, and low performance, cancellation of academic activities, and risk of falling behind. This study provides empirical evidence from a specific Social Work program in Colombia, integrating structural work variables and emotional impacts within a single relational model. It concludes that retention depends on the interaction between work demands and institutional responses, requiring strategies of academic flexibility and comprehensive support.
Keywords: Working conditions, University dropout, Higher Education, Working students, Academic persistence.
Introducción
La educación superior representa una oportunidad clave para la movilidad social, pero, en muchos casos, las condiciones económicas y sociales obligan a los estudiantes a combinar sus estudios con el trabajo. En particular, los estudiantes de bajos recursos enfrentan el desafío de equilibrar sus responsabilidades académicas con exigencias laborales, lo que puede comprometer su rendimiento académico y permanencia en la universidad (Jiménez, 2023).
Iniciar una actividad laboral puede traer consigo beneficios para los estudiantes en sus estudios, su vida social y su bienestar, así como ofrecerles ventajas en el mercado de trabajo al finalizar sus estudios. Sumado al beneficio financiero a corto plazo, el hecho de estar empleado puede mejorar la imagen que los estudiantes tienen de sí mismos y, por ende, fomentar su crecimiento personal (Grozev & Easterbrook, 2022). No obstante, el empleo estudiantil puede tener efectos perjudiciales en la vivencia universitaria inmediata. Elementos del trabajo, como una mayor carga horaria y más responsabilidades, se vinculan con un peor rendimiento académico (Butler, 2007) y una mayor probabilidad de depresión (Cinamon, 2016).
Diversas investigaciones han demostrado que el trabajo durante la etapa universitaria puede generar altos niveles de estrés y fatiga, afectando la concentración y el desempeño académico (Pinargote Macías & Caicedo Guale, 2019). Además, las largas jornadas laborales pueden aumentar el riesgo de deserción (Chalpartar Nasner et al., 2022), especialmente en estudiantes con limitaciones económicas y redes de apoyo insuficientes. Sin embargo, algunos estudiantes logran desarrollar estrategias de conciliación, como la gestión eficiente del tiempo o la búsqueda de empleos con horarios flexibles, lo que les permite sostener su trayectoria académica.
En el contexto internacional, investigaciones recientes han analizado la deserción universitaria desde modelos predictivos y enfoques estructurales que integran variables académicas, psicosociales y laborales (Bernardo et al., 2022; Sosa-Alonso et at., 2025). Estos estudios destacan la importancia de factores como la salud mental, el capital social universitario y las condiciones de empleabilidad en la intención de abandono (Sayed Toyon, 2023; Alencar Ribeiro et al., 2025). Asimismo, se han desarrollado modelos estructurales y análisis predictivos basados en big data que permiten anticipar trayectorias de riesgo (Castro-López et al., 2025). Sin embargo, aún son escasos los estudios que analicen de manera situada la relación específica entre condiciones laborales concretas y permanencia académica en programas de Trabajo Social en contextos regionales latinoamericanos.
A pesar de la existencia de estos estudios, persiste una brecha en la literatura respecto al análisis específico de cómo las condiciones laborales concretas, como carga horaria, el tipo de vinculación y el salario, se relacionan empíricamente con indicadores de permanencia académica en programas de Trabajo Social en contextos regionales colombianos. La mayoría de las investigaciones aborda el fenómeno de manera general, sin profundizar en su manifestación en poblaciones específicas ni en la relación estadística entre variables laborales y académicas.
Este estudio analiza el impacto de las condiciones laborales en la permanencia académica de los estudiantes del programa de Trabajo Social de la Universidad de Caldas. Para ello, se realizaron tres etapas: primero, se caracterizaron sus condiciones demográficas, familiares, sociales, económicas y académicas; segundo, se identificaron sus condiciones laborales; y tercero, se determinó las consecuencias y relación entre dichas condiciones y su permanencia en el programa.
En este sentido, la investigación se orienta por la siguiente pregunta: ¿Cómo se relacionan las condiciones laborales de los estudiantes trabajadores con su permanencia académica en el programa de Trabajo Social de la Universidad de Caldas? A partir de esta pregunta, se plantea la hipótesis de que mayores exigencias laborales se asocian con mayores dificultades en el rendimiento académico y un mayor riesgo de retraso o deserción.
El estudio aporta evidencia empírica situada que permite comprender el doble rol estudiante-trabajador como un factor estructural en la permanencia universitaria, contribuyendo al diseño de estrategias institucionales orientadas a la flexibilidad académica, el acompañamiento integral y el fortalecimiento de políticas de bienestar estudiantil.
Marco teórico
El marco teórico se organiza en tres ejes: (1) movilidad social y educación superior; (2) condiciones laborales y su impacto en la vida académica; y (3) doble rol estudiante-trabajador y permanencia académica.
La movilidad social y Educación Superior: oportunidades y desafíos en Colombia
La movilidad social se refiere al desplazamiento de individuos o grupos dentro de la estructura socioeconómica de una sociedad, permitiendo analizar la relación entre su posición de origen y su posición actual (Carvallo et al., 2021; Martínez et al., 2020). La educación superior es considerada un factor clave en este proceso, ya que facilita el acceso a empleos mejor remunerados y mejora la calidad de vida. Sin embargo, el simple acceso a la universidad no garantiza mejoras económicas si no se logra la finalización del programa y una inserción laboral estable (Martínez et al., 2020). En América Latina, el desempleo juvenil no disminuye significativamente con niveles educativos más altos, salvo en quienes acceden a posgrados, lo que evidencia la necesidad de analizar factores que afectan no solo el acceso, sino también la permanencia y graduación en la educación superior (Flores-Crespo & Rodríguez-Arias, 2021).
Pese a su potencial para mejorar la calidad de vida, la educación superior está marcada por barreras económicas y sociales que dificultan la permanencia estudiantil. En Colombia, los costos de matrícula y la falta de subsidios agravan esta situación, afectando especialmente a los estudiantes de estratos bajos (Banco Mundial, 2021). Muchos deben trabajar para sostenerse económicamente, lo que puede convertirse en una barrera cuando las condiciones laborales, como largas jornadas o bajos ingresos, interfieren con las exigencias académicas. Solo el 38 % de los jóvenes que terminan la secundaria ingresan a la universidad, y una proporción importante no logra graduarse debido a la falta de apoyo económico y la necesidad de trabajar (Martínez et al., 2020), lo que evidencia la estrecha relación entre vulnerabilidad económica, empleo estudiantil y riesgo de deserción.
La ausencia de políticas integrales que garanticen la permanencia ha llevado a que muchos estudiantes asuman empleos con largas jornadas y bajos salarios, lo que impacta directamente variables como el rendimiento académico, la continuidad semestral y el bienestar emocional. En este sentido, la educación no siempre se traduce en movilidad social si no existen mecanismos que faciliten la finalización de los estudios (Hernández Medina et al., 2024). Para reducir estas desigualdades, el Ministerio de Igualdad y Equidad en Colombia busca implementar estrategias para fortalecer la inclusión en la educación superior (Peñas-Felizzola & Cárdenas-Sierra, 2020), aunque su efectividad aún está en evaluación y requiere ser analizada a la luz de las condiciones reales que enfrentan los estudiantes trabajadores.
Las redes de apoyo son determinantes en la permanencia universitaria al actuar como factores protectores frente a la vulnerabilidad económica y académica. La separación de sus cuidadores principales impulsa a muchos estudiantes a buscar nuevos soportes en su entorno académico (Gutiérrez-Monsalve et al., 2021). No obstante, construir y mantener estas redes requiere una inversión de tiempo y recursos (Pauta Sigsig, 2020) lo cual puede verse limitado cuando las exigencias laborales reducen la disponibilidad de tiempo del estudiante. Investigaciones recientes han señalado que la existencia de redes familiares y académicas favorece la continuidad universitaria, mientras que su ausencia aumenta el riesgo de deserción (Ministerio de Educación Nacional, 2022) especialmente en contextos donde el trabajo se configura como un mecanismo de sostenibilidad económica.
El trabajo durante la etapa universitaria puede incidir negativamente en el rendimiento académico cuando las exigencias laborales superan la capacidad de conciliación del estudiante (Castro-Vásquez et al., 2022; Milla Diaz, 2024). En Colombia, muchos estudiantes asumen empleos con largas jornadas, incrementando el riesgo de abandono (Echeverry Suaza et al., 2023). Más que la simple compatibilidad entre trabajo y estudio resulta determinante la intensidad de la carga horaria, el nivel de ingreso y las condiciones contractuales bajo las cuales se desempeñan.
Si bien la educación superior puede impulsar la movilidad social, su impacto se ve limitado por barreras económicas, ausencia de redes de apoyo y condiciones laborales adversas. Para garantizar la permanencia, se requieren políticas de financiamiento, acompañamiento estudiantil y condiciones laborales adecuadas. En este contexto, comprender el impacto del doble rol de estudiante-trabajador desde una perspectiva empírica que vincule condiciones laborales específicas con indicadores académicos concretos es fundamental para diseñar estrategias efectivas, aspecto que será abordado en los siguientes apartados del estudio.
Condiciones laborales y su impacto en la vida académica
Las condiciones laborales abarcan las circunstancias, términos y características que regulan la relación entre empleadores y trabajadores. Estas incluyen la carga horaria, la remuneración, el tipo de vinculación contractual y las demandas físicas y mentales del empleo (Neffa, 1988). En el caso de los estudiantes universitarios, muchos trabajan por necesidad económica, ya sea para lograr independencia o contribuir al sostenimiento familiar. Sin embargo, estos empleos suelen ser temporales y de alta rotación, concentrándose en sectores como el comercio y la atención al cliente, lo que frecuentemente implica ingresos limitados y escasa estabilidad laboral.
El doble rol de trabajador y estudiante constituye un fenómeno central en el análisis de la permanencia universitaria, al articular condiciones laborales específicas con resultados académicos observables. Largas jornadas laborales reducen el tiempo de estudio, afectando la asistencia a clases y el rendimiento en evaluaciones (Cayuela et al., 2021; Creed et al., 2020). Además, la fatiga acumulada disminuye la concentración y puede generar desinterés académico lo que incide directamente en indicadores como bajo promedio, cancelación de actividades y riesgo de retraso académico.
En términos de salud mental, la sobrecarga de responsabilidades puede derivar en agotamiento físico y emocional, aislamiento social y actitudes negativas hacia el estudio y el trabajo. Este desgaste se vincula con el síndrome de Burnout (Gil-Monte el tal., 2005), afectando tanto la estabilidad emocional como el desempeño académico, y configurando un posible mecanismo explicativo entre exigencias laborales y permanencia.
Estudios recientes evidencian que trabajar más de 20 horas semanales incrementa la probabilidad de deserción (Ministerio de Educación Nacional, 2022). Aunque el empleo puede desarrollar habilidades organizativas, su impacto depende de la carga horaria, la flexibilidad laboral y las redes de apoyo disponibles (Díaz-Barriga-Arceo et al., 2022), lo que fundamenta la hipótesis de que mayores exigencias laborales se asocian con mayores dificultades académicas y mayor riesgo de abandono.
Doble rol estudiante-trabajador: El desafío de la permanencia académica
La permanencia universitaria de los estudiantes trabajadores está condicionada por múltiples factores. Desde un enfoque analítico, estos factores pueden agruparse en institucionales, familiares y laborales, cuya interacción configura distintos niveles de riesgo o protección frente a la deserción. El apoyo de las instituciones a través de programas de bienestar estudiantil y asesoría académica resulta clave para mitigar los efectos del trabajo en su rendimiento (Ministerio de Educación Nacional, 2022). Asimismo, la existencia de redes familiares y comunitarias que ofrezcan soporte emocional y económico puede favorecer su continuidad en la educación superior (Gutiérrez-Monsalve et al., 2021). No obstante, la rigidez en los horarios académicos y la falta de políticas de flexibilidad afectan directamente su permanencia, incrementando la probabilidad de deserción (Hernández Medina et al., 2024), especialmente cuando las condiciones laborales implican alta carga horaria y baja remuneración.
Si bien el trabajo puede fortalecer la disciplina y la autonomía, su impacto en la trayectoria académica depende de la capacidad del estudiante para equilibrar ambas responsabilidades y del respaldo institucional y social que reciba. En este marco, la investigación propone que la permanencia no debe entenderse únicamente como decisión individual, sino como resultado de la interacción entre condiciones estructurales de empleo y respuestas institucionales de apoyo. Identificar estrategias que permitan reducir la sobrecarga de los estudiantes trabajadores es fundamental para mejorar su calidad de vida y evitar la deserción.
En síntesis, la lógica relacional propuesta parte de que la intensidad y las características del empleo inciden en dimensiones intermedias como el cansancio físico, el cansancio emocional y la despersonalización, las cuales actúan como mecanismos explicativos que afectan la trayectoria académica. De este modo, la permanencia universitaria se comprende como el resultado de la interacción entre condiciones estructurales de empleo y respuestas institucionales de apoyo.
Metodología
Esta investigación se enmarcó en un enfoque cuantitativo y descriptivo, cuyo propósito fue analizar las condiciones sociales, económicas, familiares y académicas de los estudiantes de Trabajo Social de la Universidad de Caldas y establecer relaciones entre variables categóricas, particularmente entre estudio y trabajo. Desde el modelo conceptual propuesto, se definieron como variables independientes las condiciones laborales (carga horaria, tipo de vinculación contractual, nivel de ingreso y sector económico) y como variables dependientes los indicadores de permanencia académica (rendimiento, cancelación de actividades académicas, retraso semestral y riesgo de deserción), las cuales fueron operacionalizadas mediante ítems específicos en el instrumento de recolección.
De acuerdo con Quispe & Villalta (2020), la investigación cuantitativa busca explicar fenómenos a partir de un proceso deductivo, estableciendo relaciones lógicas y midiendo su incidencia en un grupo poblacional. En esta línea, Hernández Sampieri et al. (2022) señalan que este enfoque implica la construcción de un sistema deductivo en el que, a partir de un marco teórico, se identifican variables dependientes e independientes, permitiendo la toma de decisiones metodológicas adecuadas. En el contexto de estudios descriptivos, Salazar Escorcia (2020) destaca que su objetivo es la medición precisa de una o más variables en una población definida, permitiendo evidenciar rasgos estructurales, cualidades y circunstancias de un fenómeno.
La investigación se desarrolló con una muestra de 117 estudiantes del programa de Trabajo Social de la Universidad de Caldas, seleccionados mediante un muestreo no probabilístico por conveniencia, dado que la participación dependió de la disponibilidad y voluntariedad de los estudiantes al momento de la aplicación del instrumento. Este tipo de muestreo permitió acceder de manera directa a la población objeto de estudio; no obstante, limita la generalización de los resultados a otros programas o contextos universitarios, por lo que los hallazgos deben interpretarse en clave contextual y exploratorio.
La recolección de datos se llevó a cabo a través de encuestas estructuradas, aplicadas de forma virtual mediante Google Forms, con preguntas cerradas diseñadas para caracterizar las condiciones sociodemográficas, académicas, familiares, laborales y emocionales de los participantes. El instrumento estuvo conformado por 38 ítems organizados en cinco dimensiones: (1) características sociodemográficas y familiares; (2) condiciones económicas; (3) condiciones laborales; (4) indicadores académicos; (5) afectaciones emocionales asociadas al doble rol. Las variables fueron operacionalizadas mediante preguntas de opción múltiple y escalas tipo Likert para medir frecuencia e intensidad de afectaciones.
El proceso metodológico se desarrolló en varias fases. Inicialmente, se diseñó el instrumento de recolección de datos, estableciendo dimensiones relacionadas con las condiciones de vida de los estudiantes a partir del marco teórico y del modelo conceptual propuesto. El contenido fue sometido a validación por juicio de expertos y a una prueba piloto para verificar claridad, coherencia y pertinencia de los ítems. A partir de ello, se formuló la hipótesis de que existiría una relación entre las dinámicas académicas y laborales. Posteriormente, se realizó la socialización del estudio, convocando a los estudiantes y sensibilizándolos sobre los objetivos de la investigación. Una vez aplicada la encuesta, se construyó y depuró la base de datos, asegurando su coherencia y calidad para el análisis. Finalmente, se llevó a cabo el procesamiento estadístico a través del software SPSS (versión 2023).
El análisis de los datos se realizó empleando técnicas estadísticas adecuadas para variables categóricas y ordinales, previamente codificadas y sistematizadas en una matriz de datos estructurada según las dimensiones definidas en la operacionalización. Se aplicó la prueba de chi-cuadrado con el fin de evaluar la independencia entre variables y determinar su significancia estadística, tomando como criterio un nivel de confianza del 95 % (p ≤ 0,05). Además, se utilizó el coeficiente de correlación de Spearman, considerando que las variables ordinales analizadas no presentaban una distribución normal y con el propósito de estimar la fuerza y la dirección de asociación entre la intensidad de las condiciones laborales y los indicadores académicos.
Durante todo el proceso se garantizaron principios éticos fundamentales, asegurando la voluntariedad en la participación, la confidencialidad de los datos y la firma del consentimiento informado en formato digital previo al diligenciamiento del cuestionario. Los participantes fueron informados sobre el propósito del estudio, los procedimientos de recolección y el uso exclusivo de la información con fines académicos, respetando su privacidad y derechos de conformidad con los principios de la investigación social y la normativa institucional vigente.
Resultados
Los resultados de la investigación se expresan en cuatro ejes: las condiciones sociodemográficas, familiares, económicas y académicas; las condiciones de trabajo de los estudiantes; las consecuencias de trabajar y estudiar; y las relaciones entre el doble rol y sus afectaciones académicas. En cada eje se presentan inicialmente los hallazgos descriptivos y posteriormente se profundiza en su interpretación analítica, en función de la hipótesis planteada sobre la relación entre condiciones laborales y permanencia académica.
Condiciones sociodemográficas, familiares, de vivienda, económicas y académicas
Los resultados evidencian que la mayoría de los estudiantes del Programa de Trabajo Social de la Universidad de Caldas se encuentra en el grupo etario de 21 a 25 años (46,4 %), seguido de aquellos entre 16 y 20 años (45,8 %), lo que indica una alta representación de población joven en la muestra. En contraste, la presencia de estudiantes en rangos de edad superiores es considerablemente menor: 6,4 % tiene entre 26 y 30 años, 0,8 % entre 31 y 35 años, y solo 0,6 % supera los 41 años, lo que confirma la baja participación de población adulta en el programa.
Los resultados muestran que la mayoría de los estudiantes del programa son mujeres (80,3 %), mientras que 19,2 % son hombres y 0,5 % se identifica con otro género. Este predominio femenino confirma la tendencia histórica de feminización del Trabajo Social, aunque la participación masculina observada evidencia una progresiva diversificación del perfil estudiantil.
Los resultados indican que 40,2 % de los estudiantes residen en la ciudad donde nacieron, mientras que 59,8 % han migrado a Manizales desde otros lugares. Este dato resulta relevante, ya que la movilidad geográfica puede incidir en la disponibilidad de redes de apoyo familiares y sociales, elemento asociado en la literatura con la permanencia universitaria.
En cuanto a las condiciones familiares, los resultados indican que 19,2 % de los estudiantes vive con ambos padres, 23,1 % reside únicamente con su madre, 31,4 % comparte vivienda con compañeros de universidad, y 24,5 % vive solo. Estos datos evidencian una diversidad en las configuraciones de convivencia, con una presencia significativa de estudiantes que habitan fuera del núcleo familiar tradicional, lo cual puede incidir en sus dinámicas de apoyo cotidiano.
Respecto a la percepción de sus relaciones familiares, la mayoría de los estudiantes las considera cercanas (54,1 %), mientras que 33,6 % las percibe como muy cercanas. En conjunto, más del 87 % reporta vínculos familiares positivos, lo que sugiere la existencia de capital emocional relevante para la permanencia académica. En contraste, 11,8 % reporta tener relaciones familiares lejanas, y 0,4 % las describe como muy lejanas, grupo que podría encontrarse en mayor vulnerabilidad frente a exigencias laborales y académicas simultáneas.
En las condiciones económicas los datos reflejan que la mayoría de los estudiantes pertenece a los estratos socioeconómicos 1 y 2 (73,8 %), mientras que 25,4 % se encuentra en los estratos 3 y 4 y solo 0,8 % en los estratos 5 y 6. Esta concentración en estratos bajos confirman el carácter socioeconómico vulnerable de la población analizada y refuerza la hipótesis de que la necesidad de trabajar no responde únicamente a decisiones individuales, sino a condiciones estructurales de sostenibilidad económica.
En relación con las condiciones de vivienda, los resultados indican que 28,4 % de los estudiantes reside en una vivienda familiar arrendada y 18,8 % en vivienda familiar propia, lo que sugiere una fuerte dependencia de redes familiares para garantizar estabilidad habitacional. Un 19,2 % vive en una habitación alquilada y 20,1 % en un apartamento o apartaestudio, configurando un grupo que asume mayores niveles de autonomía, pero posiblemente también mayores cargas económicas directas.
Asimismo, 18,8 % de los estudiantes vive en una vivienda familiar propia, lo que indica que una proporción significativa habita en propiedades pertenecientes a cuidadores o familiares. Finalmente, 13,5 % reside en una Casa de Estudiantes. En conjunto, estos datos evidencian que la mayoría del estudiantado recurre a soluciones habitacionales asociados a redes familiares o institucionales, lo que puede funcionar como factor protector frente a la vulnerabilidad económica.
Los resultados muestran una tendencia significativa hacia la residencia en viviendas vinculadas a familiares. Esta dependencia habitacional sugiere que la permanencia académica no solo se sostiene por recursos individuales, sino por soportes familiares que amortiguan los costos de formación universitaria. Por tanto, la opción por vivienda independiente refleja mayores niveles de autonomía, pero también posibles mayores presiones financieras que podrían incidir indirectamente en la necesidad de trabajar y, por ende, en la trayectoria académica.
En cuanto a la dependencia económica de los estudiantes, los resultados indican que 41 % depende exclusivamente de recursos familiares, lo que sugiere una estabilidad económica que podría favorecer la continuidad en su formación profesional. Un 23,6 % combina recursos familiares con subsidios, lo que implica una situación de dependencia mixta susceptible a variaciones en las fuentes de financiamiento. Por otro lado, el 14,4 % subsiste con ingresos propios, lo que representa un desafío al tener que equilibrar la carga académica con responsabilidades laborales, afectando potencialmente la calidad de su formación. Asimismo, un 12,2 % complementando sus ingresos de trabajo con el de apoyo familiar, mientras que un 7,9% combina recursos propios con subsidios, mientras que solo 1,3% depende exclusivamente de subsidio. En conjunto, estos datos muestran que más de un tercio del estudiantado debe generar ingresos totales o parciales, lo que refuerza la hipótesis de que la inserción laboral no es opcional, sino una condición de sostenibilidad académica para un sector significativo de la muestra.
En cuanto a las condiciones académicas se encontró una distribución por semestre, la mayor participación corresponde a estudiantes que trabajan y cursan entre el 1° y 3° semestre (43,2 %). Esta concentración en los primeros niveles podría asociarse con procesos simultáneos de adaptación universitaria y necesidad económica, aumentando el riesgo de vulnerabilidad académica en etapas iniciales. Un 36 % cursa entre el 4° y 6° semestre, mientras que 17 % se encuentra entre el 7° y 9° semestre. Finalmente, un 3,8 % está en el 10° y 12° semestre. La disminución progresiva en los niveles avanzados podría sugerir efectos acumulativos del doble rol en la trayectoria académica, aspecto que será contrastado en el análisis relacional de hipótesis.
En la Tabla 1 se presenta una síntesis de las principales características sociodemográficas, económicas y académicas de la muestra analizada.
| Edad | 16–20 años | 45,8 % |
| Edad | 21–25 años | 46,4 % |
| Edad | 26–30 años | 6,4 % |
| Edad | 31–35 años | 0,8% |
| Edad | Más de 41 años | 0,6% |
| Género | Mujeres | 80,3% |
| Género | Hombres | 19,2% |
| Género | Otro | 0,5% |
| Lugar de origen | Reside en ciudad natal | 40,2% |
| Lugar de origen | Migró a Manizales | 59,8% |
| Estrato socioeconómico | Estratos 1–2 | 73,8% |
| Estrato socioeconómico | Estratos 3–4 | 25,4% |
| Estrato socioeconómico | Estratos 5–6 | 0,8% |
| Dependencia económica | Solo recursos familiares | 41,0% |
| Dependencia económica | Familia + subsidios | 23,6% |
| Dependencia económica | Ingresos propios | 14,4% |
| Dependencia económica | Trabajo + apoyo familiar | 12,2% |
| Dependencia económica | Ingresos propios + subsidios | 7,9% |
| Dependencia económica | Solo subsidios | 1,3% |
| Semestre | 1°–3° semestre | 43,2% |
| Semestre | 4°–6° semestre | 36,0% |
| Semestre | 7°–9° semestre | 17,0% |
| Semestre | 10°–12° semestre | 3,8% |
Condiciones de trabajo de los estudiantes
En las condiciones laborales, se analizaron aspectos como la jornada laboral, tipo de contratación, salario y sector económico de los establecimientos donde trabajan los estudiantes. Los resultados indican que 72 % trabaja en horario diurno, mientras que 28 % lo hace en horario nocturno. La presencia de casi un tercio en jornada nocturna resulta relevante, dado que este tipo de horario puede afectar los ciclos de descanso y, posteriormente, el desempeño académico.
En cuanto a la carga horaria, 58 % labora ocho horas diarias, mientras que 42 % trabaja entre dos y seis horas al día. Este dato evidencia que más de la mitad de los estudiantes mantiene una jornada equivalente a un empleo de tiempo completo, lo que podría incrementar la probabilidad de interferencia entre responsabilidades laborales y exigencias académicas.
Respecto a la distribución semanal, 65 % trabaja entre dos y cuatro días a la semana, y 35 % lo hace cinco días o más. La combinación de jornadas diarias extensas y alta frecuencia semanal configura distintos niveles de intensidad laboral, variable central en el modelo conceptual propuesto, pues permite contrastar la hipótesis según la cual mayores exigencias laborales se asocian con mayores dificultades académicas.
En cuanto a la modalidad de contratación, la mayoría de los estudiantes (75 %) trabaja por horas, mientras que 16 % lo hace bajo la modalidad de prestación de servicios y 9 % tiene un contrato a término fijo. La alta proporción de trabajo por horas sugiere una inserción laboral caracterizada por flexibilidad, pero también por posible inestabilidad e ingresos variables, lo cual puede incidir en la seguridad económica y en la planificación académica de mediano plazo.
Respecto al salario, 88 % percibe ingresos mensuales entre $229.000 y $700.000, mientras que el 12 % restante recibe un salario mínimo legal vigente. Estos niveles de ingreso, en su mayoría inferiores al salario mínimo completo, indican que el trabajo estudiantil cumple parcialmente una función complementaria de sostenibilidad económica, lo que refuerza la condición de vulnerabilidad estructural señalada en el marco teórico.
En relación con el sector económico, la totalidad de los estudiantes (100 %) trabaja en el sector servicios. Dentro de este, 36 % se desempeña en restaurantes y licores, mientras que 64 % trabaja en almacenes y otros establecimientos, consolidando este sector como el principal ámbito de ocupación para la población estudiantil. La concentración en el sector servicios, particularmente en actividades asociadas a atención al cliente, puede implicar demandas físicas y emocionales intensas, elemento relevante para comprender las posibles afectaciones en dimensiones intermedias como el cansancio físico y emocional contempladas en el modelo conceptual.
Las consecuencias de trabajar y estudiar
En el tercer eje de estudio se analizaron las consecuencias del doble rol de estudiante-trabajador en la permanencia universitaria, el rendimiento académico y la salud mental. En cuanto a la permanencia, los resultados indican que 48 % de los estudiantes considera que sus responsabilidades laborales afectan su continuidad en la universidad, mientras que 52 % opina lo contrario, señalando que su empleo no interfiere en su proceso formativo. Esta distribución evidencia una percepción dividida frente a impacto del trabajo, lo que sugiere que no es la condición de empleo en sí misma la que determina la afectación, sino la intensidad y características específicas de las condiciones laborales, en coherencia con la hipótesis planteada.
Además, 78 % ha tenido que cancelar actividades académicas debido a sus compromisos laborales, en contraste con 22 % que no ha enfrentado esta dificultad. Este hallazgo resulta especialmente relevante porque, aunque la mayoría no percibe afectación directa en la permanencia general, sí se evidencia interferencias concretas en el desarrollo académico cotidiano, lo que constituye un indicador temprano de riesgo.
Respecto a la cancelación del semestre, 97 % de los participantes afirmó no haber recurrido a esta opción por motivos laborales, mientras que 3 % sí lo ha hecho. Si bien la proporción de cancelación semestral es baja, la alta frecuencia de cancelación de actividades sugiere la existencia de tensiones acumulativas que podrían traducirse en afectaciones estructurales a mediano plazo, especialmente cuando se combinan con cargas horarias extensivas o ingresos insuficientes.
El 75 % de los estudiantes afirmó que su desempeño académico no se ha visto afectado por el trabajo, mientras que el 25 % ha experimentado dificultades en este aspecto. De manera similar, el 74 % considera que su proceso de aprendizaje no se ha visto comprometido, mientras que el 26 % percibe un impacto negativo.
En cuanto a la realización de trabajos curriculares, el 67 % de los estudiantes no ha encontrado obstáculos debido a su empleo, mientras que el 33 % ha enfrentado dificultades. Respecto a la salud mental, el 41 % de los participantes reconoce que su empleo ha afectado su bienestar emocional, mientras que el 59 % no percibe un impacto negativo en este aspecto. Este hallazgo es consistente con la literatura reciente que vincula empleo estudiantil intensivo con mayores niveles de estrés y desgaste emocional (Alencar Ribeiro et al., 2025; Bernardo et al., 2022), y respalda el planteamiento del modelo conceptual sobre la existencia de variables intermedias entre condiciones laborales y permanencia académica.
En cuanto a las consecuencias del doble rol de estudiante-trabajador, los resultados indican que 32 % de los estudiantes ha experimentado despersonalización, seguida del cansancio físico (28 %), la afectación en la realización personal (21 %) y el cansancio emocional (19 %). La presencia predominante de despersonalización como afectación principal resulta particularmente significativa, ya que esta dimensión se asocia con procesos de distanciamiento y desgaste vinculados al síndrome de burnout (Alencar Ribeiro et al., 2025; Bernardo et al., 2022), lo que sugiere un mecanismo explicativo coherente con la hipótesis planteada.
Entre los efectos más reportados, 29 % de los estudiantes señala dificultad para prestar atención en clase, 24 % ha experimentado pérdida de concentración, 22 % menciona episodios de hostilidad, 13 % ha visto reducido su promedio académico y 12 % experimenta una sensación generalizada de tensión. Estos resultados evidencian que las afectaciones no se limitan a la percepción subjetiva de sobrecarga, sino que se traducen en manifestaciones cognitivas, emocionales y académicas concretas, lo cual respalda la hipótesis de que mayores exigencias laborales se asocian con mayores dificultades en el rendimiento y la permanencia.
El cansancio físico tiene un impacto significativo en la vida académica, afectando la motivación para estudiar (51 %) y la asistencia a la universidad (49 %). La magnitud de estos porcentajes resulta relevante, ya que la disminución de la motivación y la asistencia constituyen factores de riesgo acumulativo que pueden incidir progresivamente en el retraso semestral o la deserción. Además, los estudiantes reportaron efectos como insomnio (40 %), ausentismo (25 %), impuntualidad (18 %) y malestar físico generalizado (17 %), lo que permite identificar un patrón de desgaste sostenido coherente con las dimensiones intermedias planteadas en el modelo conceptual (cansancio físico y emocional). En conjunto, estos hallazgos sugieren que la intensidad laboral no solo afecta el tiempo disponible para el estudio, sino también las condiciones psicofísicas necesarias para un desempeño académico adecuado.
En cuanto a la realización personal, el impacto más significativo se asocia con la disminución del gusto por el trabajo (52 %), seguida de la insatisfacción con el ambiente laboral (48 %) y una baja autorrealización en sus actividades laborales (48 %). Estos resultados evidencian cómo la sobrecarga de responsabilidades puede afectar tanto el bienestar emocional como la percepción de satisfacción en el ámbito laboral y académico.
El cansancio emocional se manifiesta en síntomas como agotamiento (16,6 %), ansiedad (13,1 %) y olvidos frecuentes (11,4 %), afectando el bienestar y desempeño académico de los estudiantes, lo que evidencia un posible mecanismo intermedio entre intensidad laboral y afectaciones académicas. En cuanto a los motivos que llevan a los estudiantes de Trabajo Social a trabajar, la principal razón es la necesidad económica (26,6 %), seguida de la búsqueda de experiencia laboral (14,8 %) y el deseo de alcanzar objetivos profesionales (14 %), mostrando que el empleo responde tanto a restricciones estructurales como a aspiraciones de movilidad.
Finalmente, dos hallazgos relevantes evidencian la percepción de los estudiantes sobre la conciliación entre estudio y trabajo. Solo 13,1 % considera que logra equilibrar fácilmente ambos horarios, mientras que 36,2 % afirmó que nunca renunciaría a la universidad por el trabajo, lo que refuerza la hipótesis central de que, aunque la formación académica mantiene alta prioridad simbólica, las exigencias laborales introducen tensiones que inciden en la experiencia universitaria.
Relaciones entre el doble rol y sus afectaciones académicas
Para analizar la relación entre el doble rol de estudiante-trabajador y sus afectaciones académicas, se aplicó la prueba de Chi-Cuadrado de Pearson, con el objetivo de identificar asociaciones significativas entre las variables independientes (condiciones laborales) y dependientes (indicadores de permanencia académica) definidos en el modelo conceptual. Se consideraron estadísticamente relevantes aquellos resultados con un p-valor ≤ 0,05, lo que permitió determinar la existencia de una relación entre las condiciones laborales y la permanencia académica y, por tanto, contrastar empíricamente la hipótesis planteada en el estudio.
Los datos fueron procesados en el software SPSS, versión 23, asegurando el rigor en el análisis. Sin embargo, es importante señalar que la prueba de Chi-Cuadrado es adecuada para analizar la independencia entre variables categóricas, pero no permite establecer relaciones de causalidad ni medir la fuerza de asociación. Por ello, los resultados deben interpretarse en términos de asociación estadística y no como relaciones causales directas. Para una interpretación más profunda, habría sido pertinente complementar el análisis con medidas de asociación con el coeficiente de contingencia, V de Cramer o correlación de Spearman, en caso de que las variables fueran ordinales.
Se evidenciaron relaciones significativas entre las variables de cansancio físico, cansancio emocional, despersonalización (dimensiones intermedias), así como condiciones de trabajo y motivos para trabajar (variables independientes), con aquellas pertenecientes a la dimensión de condiciones académicas (variables dependientes). En particular, el cansancio físico y la despersonalización presentaron la asociación estadísticamente más fuerte, seguidas del cansancio emocional, las condiciones de trabajo y, finalmente, los motivos por los cuales los estudiantes trabajan, lo que aporta evidencia empírica en favor de la hipótesis que plantea que mayores exigencias laborales se asocian con mayores afectaciones académicas.
Con una alta significancia estadística, las variables de la dimensión cansancio físico ocasionado por el trabajo, como insomnio, malestar físico y falta de motivación para estudiar, presentan una asociación directa con las condiciones académicas (p ≤ 0,05), lo que indica que, a mayor intensidad de estas afectaciones físicas, mayores dificultades en el desempeño y la permanencia académica. En conjunto, esta dimensión muestra un mayor nivel de incidencia en la permanencia universitaria, el bajo rendimiento académico y la dificultad para aprender, configurando como uno de los principales mecanismos explicativos en la relación entre empleo y trayectoria académica
Llama la atención que la dimensión “cancelación de semestre” no presenta una relación estadísticamente significativa con las variables de cansancio físico (ver Tabla 2), lo que sugiere que, aunque el agotamiento impacta el rendimiento cotidiano, no necesariamente conduce a la decisión extrema de abandonar temporalmente el programa.
| Condiciones Académicas | |||||||
| Cansancio Físico | Permanencia en la Universidad | Cancelación de actividades académicas | Cancelación de semestre | Bajo rendimiento académico | Dificultad para el aprendizaje | Dificultad en el desarrollo de trabajos curriculares | Salud mental |
| Insomnio por el trabajo | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | |
| Malestar físico por el trabajo | 0,00 | 0,01 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,01 | |
| Ausentismo | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,01 | ||
| Impuntualidad | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,03 | |||
| Falta de ganas de estudiar | 0,00 | 0,02 | 0,00 | 0,00 | 0,01 | 0,02 | |
| Falta de ganas de acudir a la Universidad | 0,01 | 0,00 | 0,02 | 0,03 | 0,02 | ||
Las dimensiones de agotamiento y ansiedad, pertenecientes al componente de cansancio emocional (ver Tabla 2), presentan una asociación estadísticamente significativa con las condiciones académicas de los estudiantes (p ≤ 0,05), lo que confirma la hipótesis de que las afectaciones emocionales derivadas del empleo inciden en la trayectoria formativa. Esto evidencia una clara dificultad para avanzar en el proceso formativo, lo que se refleja en promedios bajos, dificultades en el aprendizaje y afectaciones en la salud mental. No obstante, la dimensión “cancelación de semestre” continúa sin mostrar una relación estadísticamente significativa con el cansancio emocional asociado al doble rol, lo que indica que el impacto emocional se manifiesta principalmente en el rendimiento cotidiano más que en la interrupción formal del semestre.
Participar simultáneamente en el trabajo y los estudios puede generar un conflicto de roles, dificultando el desempeño exitoso de cada tarea debido a la superposición de exigencias de tiempo, la falta de energía y comportamientos laborales incompatibles con los estudios, lo que respalda teóricamente los hallazgos empíricos obtenidos. De hecho, las preocupaciones emocionales y cognitivas relacionadas con el trabajo pueden obstaculizar las actividades académicas (Derous & Ryan, 2008).
| Condiciones Académicas | |||||||
| Cansancio Emocional | Permanencia en la Universidad | Cancelación de actividades académicas | Cancelación de semestre | Bajo rendimiento académico | Dificultad para el aprendizaje | Dificultad en el desarrollo de trabajos curriculares | Salud mental |
| Agotado emocionalmente | 0,00 | 0,01 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | |
| Ansiedad | 0,00 | 0,01 | 0,00 | 0,00 | 0,01 | 0,00 | |
| Olvidos Frecuentes | 0,01 | 0,00 | 0,01 | ||||
Las variables asociadas a la despersonalización presentan valores de Chi-Cuadrado con asociación estadísticamente significativa (p ≤ 0,05), evidenciando su impacto en la permanencia universitaria, el bajo rendimiento académico, la dificultad en el aprendizaje, la realización de trabajos extracurriculares y la salud mental (ver Tabla 3), lo que confirma su papel como dimensión intermedia en el modelo relacional propuesto. Dentro de estas variables, la hostilidad muestra una menor incidencia en dos condiciones académicas y no presenta una relación significativa con la cancelación de semestre, lo que sugiere que sus efectos se concentran más en el clima académico cotidiano que en decisiones formales de abandono.
| Condiciones Académicas | |||||||
| Despersonalización | Permanencia en la Universidad | Cancelación de actividades académicas | Cancelación de semestre | Bajo rendimiento académico | Dificultad para el aprendizaje | Dificultad en el desarrollo de trabajos curriculares | Salud mental |
| Tensión por el trabajo | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | |
| Pérdida de capacidad de atención en clase | 0,00 | 0,01 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | |
| Hostil | 0,00 | 0,00 | 0,02 | 0,00 | |||
| Dificultad para poner atención en clase | 0,00 | 0,02 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,01 | |
| Disminución del promedio académico | 0,05 | 0,03 | 0,00 | 0,00 | 0,00 | 0,01 | |
Se analizaron las variables relacionadas con los motivos para trabajar, encontrando una asociación significativa con la permanencia universitaria, la cancelación de actividades académicas y la dificultad para desarrollar trabajos curriculares, todas ellas vinculadas a las condiciones académicas (p ≤ 0,05), lo que respalda la hipótesis de que la motivación laboral influye directamente en la trayectoria académica.
En particular, las respuestas que indican que los estudiantes trabajan por necesidad económica, por la combinación de horarios o por la preferencia de renunciar a la universidad en lugar de dejar el empleo presentan los valores más altos de asociación estadística, mostrando una mayor relación con las condiciones académicas (ver Tabla 4) y evidenciando que la presión económica constituye un factor estructural que tensiona la permanencia.
| Condiciones Académicas | |||||||
| Motivación ara el Trabajo | Permanencia en la Universidad | Cancelación de actividades académicas | Cancelación de semestre | Bajo rendimiento académico | Dificultad para el aprendizaje | Dificultad en el desarrollo de trabajos curriculares | Salud mental |
| Trabajo por necesidad económica | 0,00 | 0,00 | |||||
| Trabajo por experiencia laboral | |||||||
| Me estimula conseguir objetivos laborales | |||||||
| Me siento muy enérgico en mi trabajo | |||||||
| Combino con facilidad el horario de la Universidad con el del trabajo | 0,01 | 0,02 | |||||
| Prefiero renunciar a la Universidad que a mi trabajo | 0,01 | 0,01 | |||||
Finalmente, se identificó una relación significativa entre las condiciones laborales y académicas (p ≤ 0,05), evidenciando asociaciones relevantes con la permanencia universitaria y la salud mental y confirmando parcialmente la hipótesis planteada en el modelo conceptual. Un hallazgo destacable es que las condiciones laborales son las únicas variables que muestran una incidencia en la cancelación del semestre (ver Tabla 5), lo que sugiere que la intensidad y características del empleo pueden actuar como factor crítico en decisiones académicas de largo impacto.
Además, se encontró que la jornada laboral, el salario y los días de trabajo son los factores que presentan una mayor relación con las condiciones académicas, particularmente con el bajo rendimiento, la cancelación de actividades y el riesgo de retraso semestral, lo que refuerza la lógica relacional propuesta entre exigencias laborales y permanencia universitaria.
| Condiciones Académicas | |||||||
| Condiciones de Trabajo | Permanencia en la Universidad | Cancelación de actividades académicas | Cancelación de semestre | Bajo rendimiento académico | Dificultad para el aprendizaje | Dificultad en el desarrollo de trabajos curriculares | Salud mental |
| Jornada laboral | 0,01 | 0,04 | 0,02 | 0,03 | 0,00 | ||
| Horas trabaja al día | |||||||
| Días a la semana trabaja | 0,01 | 0,00 | |||||
| Modalidad de contratación | |||||||
| Salario | 0,00 | 0,03 | 0,04 | 0,01 | |||
| Actividad comercial del lugar de trabaja | 0,00 | ||||||
Discusión
Retos en la movilidad social de los estudiantes
Los resultados muestran que el 80,3 % de quienes participaron en el estudio son mujeres. Esta predominancia confirma la feminización histórica del Trabajo Social (Molina et al., 2020). Sin embargo, el aumento en la participación masculina y de personas con identidades diversas sugiere una tendencia hacia la diversidad de género en la profesión, lo que indica que el género no es un limitante para la formación en este campo (Saldarriaga-Tabares, 2023). Mas que un dato descriptivo, esta composición permite comprender que la movilidad social en este programa se configura en un campo profesional feminizado y atravesado por desigualdades estructurales, lo que incide en las trayectorias académicas y laborales en este estudio.
El estudio también evidencia que el 73,8 % de los estudiantes provienen de estratos socioeconómicos 1 y 2, lo que concuerda con García-Cabeza y García-Serna (2024), quien señala que la feminización de la educación superior es particularmente marcada entre estudiantes de bajos ingresos. Esta condición socioeconómica no solo caracteriza a la muestra, sino que constituye un factor estructural que explica la necesidad de trabajar durante la formación universitaria, eje central de la hipótesis planteada. En este contexto, la educación universitaria se convierte en un mecanismo de movilidad social, pero también en un desafío, pues el 59,8 % de los encuestados ha migrado a Manizales para estudiar y el 55,9 % no vive con su familia. Este desplazamiento puede generar altos niveles de ansiedad y estrés debido a la desvinculación de las redes de apoyo familiares y comunitarias (Maca-Urbano et al., 2023). Además, el acceso a la educación superior en condiciones de desigualdad refuerza la necesidad de políticas públicas que faciliten la permanencia de estos estudiantes (Garcés Prettel et al., 2024).
En cuanto a la sostenibilidad económica, los resultados muestran que el 41 % de los estudiantes depende exclusivamente de los ingresos familiares, mientras que el 14,4 % autofinancia sus estudios. Esta distribución confirma que una proporción significativa del estudiantado enfrenta restricciones económicas que pueden intensificar la necesidad de empleo y, por tanto, aumentar la exposición a cargas laborales que inciden en su trayectoria académica.
La falta de estabilidad financiera durante la formación universitaria es un factor determinante en la permanencia y el rendimiento académico (Lobos Rivera & Rodríguez Vásquez, 2022). De este modo, los hallazgos respaldan la hipótesis de que las condiciones económicas y laborales no actúan de manera aislada, sino como dimensiones interrelacionadas que afectan el riesgo de retraso o deserción.
Otro aspecto clave en la discusión es el acceso a vivienda. Los resultados indican que el 47,2 % de los estudiantes vive en propiedades de familiares o cuidadores, mientras que otros recurren a viviendas compartidas o inestables. Esto concuerda con los planteamientos de Aluko (2011), quien destaca las dificultades que enfrentan los estudiantes universitarios para acceder a vivienda en condiciones adecuadas y a precios accesibles. En este estudio, la dependencia habitacional aparece vinculada a la disponibilidad de redes de apoyo, lo que puede amortiguar o agravar los efectos del doble rol sobre la permanencia académica. La falta de una vivienda adecuada también puede influir en la construcción de relaciones de apoyo y en el sentido de pertenencia dentro de la universidad (Martínez et al., 2020).
Estos hallazgos permiten comprender que la permanencia universitaria no depende únicamente del acceso, sino de la interacción entre condiciones económicas, laborales y familiares que inciden en la trayectoria formativa. La composición del estudiantado en Trabajo Social no solo refleja la feminización de la disciplina, sino también las desigualdades estructurales que afectan a quienes acceden a la universidad en condiciones de vulnerabilidad económica y social. En este sentido, el estudio aporta evidencia empírica situada que muestra cómo dichas desigualdades se traducen en mayores exigencias laborales y, por tanto, en mayores tensiones frente a la continuidad académica (Soza Mora, 2021).
En una perspectiva estructural, estos resultados permiten problematizar el lugar que ocupa el Trabajo Social en el sistema de educación superior y su vínculo con sectores históricamente feminizados y de menor capital económico. La diversidad de género en la matrícula podría abrir nuevas discusiones sobre los enfoques de intervención y la manera en que se construyen las relaciones dentro del ejercicio profesional. Asimismo, el perfil socioeconómico del estudiantado evidencia la necesidad de seguir fortaleciendo programas de apoyo financiero, bienestar estudiantil y estrategias de retención académica para garantizar que la educación en Trabajo Social no solo sea accesible, sino también sostenible para quienes la cursan.
Condiciones laborales de los estudiantes y su influencia en la dinámica académica
Los efectos de combinar trabajo y estudio dependen de múltiples factores, como la naturaleza del empleo, la cantidad de horas trabajadas y su relación con la formación académica (Sallard Barraza et al., 2023). Las condiciones laborales, en términos de horario, turnos y días laborados, influyen significativamente en el desempeño académico (Álvarez-Rivadulla et al., 2023; Sandoval & Cristina, 2021).
Los hallazgos de este estudio confirman esta tendencia: la mayoría de los estudiantes trabajadores labora en horario diurno (72 %), con jornadas de entre dos y seis horas diarias (75 %) y una frecuencia de dos a cuatro días a la semana (65 %). Estas condiciones afectan su rendimiento académico y bienestar general al reducir el tiempo disponible para el estudio y la participación en actividades extracurriculares.
Guevara Suárez (2022) sostiene que la jornada laboral, sin importar el turno en que se realice, impacta el desempeño estudiantil. Ángeles Alegre-Sánchez et al. (2024) advierten que la efectividad académica disminuye cuando la carga laboral supera las 15 horas semanales, condición presente en algunos estudiantes del estudio.
La reducción del tiempo para asistir a clases, participar en actividades extracurriculares y completar tareas académicas impacta el proceso de aprendizaje y el rendimiento académico (Anaya Narváez et al., 2024; Cayuela et al., 2021; Cortés Torres et al., 2024; Creed et al., 2020). En este estudio, el 78 % de los estudiantes reportó dificultades en el aprendizaje, la realización de trabajos adicionales y la cancelación de actividades académicas. Como señala Tello Salinas (2023), estas limitaciones pueden prolongar el tiempo necesario para completar la carrera universitaria.
Los estudiantes con mayor carga laboral, menores ingresos y procedencia de estratos socioeconómicos desfavorecidos presentan una reducción significativa en su rendimiento académico (Guevara Suárez, 2022). Este efecto guarda una relación inversamente proporcional con el tiempo dedicado al trabajo, lo que concuerda con la situación reportada por la mayoría de los encuestados.
El problema se agrava cuando los estudiantes trabajadores asumen otros roles, como el de padres, madres, amas de casa o cuidadores (Barreto Osma et al., 2019). Los resultados evidencian que esta carga adicional incrementa el cansancio físico (28 %) y emocional (19 %), además de elevar los niveles de estrés (Licht-Ardila et al., 2021). De hecho, el 13 % de los encuestados señaló la fatiga y el agotamiento emocional como efectos significativos.
La principal razón para combinar estudio y trabajo es la necesidad económica (26,6 %), motivada por la generación de ingresos (Barreto Osma et al., 2019; Piedrahita Herrera & Castellano de la Cruz, 2021). Como señalaron varios estudiantes, esta doble responsabilidad les permite cubrir, aunque de manera limitada, sus gastos personales, familiares y educativos.
El rendimiento académico es una de las variables más afectadas por las condiciones laborales de los estudiantes trabajadores. Diversos estudios indican que su desempeño tiende a ser inferior, especialmente cuando cumplen largas jornadas o trabajan por necesidad económica (Cayuela et al., 2021). En este estudio, el 33 % de los participantes reportó una menor participación en clases y actividades curriculares, lo que prolonga su permanencia en la educación superior (Amador Ortiz et al., 2023; Nuñez Montero & Ponce Javier, 2022).
Más allá de la gestión del tiempo, el doble rol genera altos niveles de fatiga y estrés (16,6 % de los participantes), afectando la concentración y el éxito académico (Grozev & Easterbrook, 2022). Además, la incompatibilidad entre estudio y trabajo puede llevar a la deserción académica, afectando el desarrollo profesional de los estudiantes (Constante-Amores et al., 2021; Vera Cala et al, 2020). Las razones detrás de esto comprenden la obligación de trabajar más tiempo del deseado, la tensión financiera por cubrir los propios gastos y de ser apoyo para su familia y las obligaciones o las relaciones con otras personas en el ámbito laboral. Dicho de otro modo, a medida que se incrementan las restricciones de tiempo y económicas para un estudiante –medidas por sus horas de trabajo–, aumenta la posibilidad de que sufra estrés financiero y relacionado con el trabajo, sumado a la presión académica (Summer et al, 2025).
La carga laboral influye directamente en la duración de las carreras universitarias (Calderón Mayorga et al., 2020). En este estudio, el 97 % de los participantes reportó la cancelación de materias o actividades académicas debido a su empleo. Los estudiantes trabajadores suelen aprobar menos materias por año y presentar un menor rendimiento académico, especialmente en asignaturas que requieren mayor dedicación (Barreto Osma et al., 2019; Sandoval & Cristina, 2021). Aunque el estudio no analiza las vivencias más profundas de quienes estudian, trabajan y son madres o padres también podría inferirse que a menudo afrontan sacrificios importantes para lograr un equilibrio, como renunciar a su tiempo libre o dedicar gran cantidad de energía y tiempo a gestionar las múltiples tensiones que surgen entre sus diferentes roles. Si bien pueden llegar a un punto de estabilidad y sentir cierto balance, el efecto positivo en su bienestar se ve limitado por estos sacrificios, siendo las mujeres más afectadas por la interseccionalidad de injusticias económicas, sociales y de género que enfrentan (Kulik, 2025).
Otra variable analizada fueron las dificultades de aprendizaje derivadas de la carga laboral. Según Guevara Suárez (2022), esta doble responsabilidad afecta el cumplimiento de las asignaturas y las calificaciones. En este estudio, el 25 % de los participantes reportó obstáculos en su proceso de aprendizaje. Sin embargo, algunos estudiantes han desarrollado estrategias para afrontar estas limitaciones, generando perfiles de aprendizaje más diversos (Ángeles Alegre-Sánchez et al., 2024). Esto evidencia la necesidad de adaptar estrategias pedagógicas, promoviendo modelos de enseñanza flexibles y alternativas que favorezcan el aprendizaje en contextos de alta exigencia laboral.
La salud mental es clave en la experiencia de los estudiantes trabajadores. En esta investigación, el 12 % de los participantes reportó tensión permanente debido a la carga académica y laboral, y que siguiendo a otros estudios presentan altos niveles de ansiedad y estrés que afectan su calidad de vida y estabilidad emocional (Cortés Torres et al., 2024; Sandoval & Cristina, 2021). El burnout académico, definido como un estado de agotamiento extremo, se reflejó en este estudio (Gutiérrez Briones, 2020; Cayuela et al., 2021).
El doble rol también afecta la vida afectiva y social de los estudiantes, generando distanciamiento y disminución de la seguridad personal. En esta investigación, el 30 % de los encuestados manifestó síntomas de despersonalización y de ahí la necesidad de regulación emocional o de intervenciones sociales que acompañen la permanencia y una mejor gestión de sus emociones (Barreto Osma et al., 2019). Esto señala una vía importante para posibles intervenciones destinadas a mejorar el bienestar psicológico de los estudiantes que trabajan. Un aspecto particularmente interesante desde una perspectiva científica es que los participantes en el proceso de Regulación Emocional (RE) se centran más en objetivos a corto plazo y menos en la calidad de vida a largo plazo; por tanto, suspenden, aplazan o cancelan semestres dado que la formación académica está orientada a sus objetivos de largo plazo (Saulius, & Malinauskas, 2024).
En cuanto a hábitos de vida, el 87 % de los participantes reportó un consumo bajo de alcohol, lo que sugiere que, aunque el estrés está presente, no siempre deriva en conductas de riesgo. No obstante, la combinación de estudio y trabajo implica desarrollar estrategias de afrontamiento que fortalecen la autonomía y la capacidad de adaptación. El 52 % de los participantes percibe el doble rol como una oportunidad de autorrealización, autonomía e independencia (Téllez Huertas & González Frasser, 2021), y el 28.8 % lo considera una fuente de orgullo (Guevara Suárez, 2022).
Las principales motivaciones para asumir el doble rol incluyen la necesidad económica, la independencia y la experiencia laboral (Sánchez et al., 2024). Además, esta experiencia puede mejorar la empleabilidad de los estudiantes si su empleo está alineado con su formación académica (Di Paolo & Matano, 2022). Más allá de los desafíos, el doble rol puede convertirse en una ventaja competitiva en el mercado laboral.
Conclusiones
Los hallazgos de este estudio evidencian la complejidad de la movilidad social de los estudiantes de Trabajo Social, marcada por factores de género, condiciones socioeconómicas, acceso a vivienda y sostenibilidad económica. La predominancia femenina en la matrícula confirma la feminización de la profesión, aunque el aumento de la diversidad de género plantea nuevas dinámicas en la disciplina. A pesar de que la educación universitaria se presenta como un mecanismo de movilidad social, su efectividad está condicionada por las dificultades económicas y las redes de apoyo limitadas de los estudiantes, especialmente en estudiantes que migran y asumen simultáneamente responsabilidades laborales.
La alta representación de estudiantes provenientes de estratos socioeconómicos 1 y 2 refuerza la idea de que la educación superior es una oportunidad de mejora social, pero también un desafío, dada la precariedad económica que enfrentan muchos de ellos. La falta de estabilidad financiera incrementa el riesgo de deserción y afecta el rendimiento académico. En este sentido, es imprescindible fortalecer los mecanismos de apoyo financiero y diseñar estrategias de acompañamiento integral que aborden las dificultades económicas, emocionales y habitacionales del estudiantado.
En cuanto a la relación entre condiciones laborales y desempeño académico, los análisis estadísticos confirman la hipótesis planteada: mayores exigencias laborales se asocian con mayores afectaciones en la permanencia y el rendimiento. Las largas jornadas laborales, la carga académica y las necesidades económicas generan estrés, agotamiento y disminuyen la participación en actividades universitarias. Aunque algunos estudiantes desarrollan estrategias de afrontamiento que les permiten continuar con su formación, el impacto en su salud mental y bienestar general es significativo.
El doble rol de trabajador y estudiante no solo afecta el rendimiento académico y la duración de la carrera, sino que también influye en la vida social y afectiva. Sin embargo, para muchos, esta experiencia representa una oportunidad de crecimiento, independencia y adquisición de experiencia laboral relevante. Esto resalta la importancia de promover modelos educativos más flexibles y adaptativos que permitan a los estudiantes trabajadores desarrollar su potencial sin comprometer su bienestar.
Por último, se enfatiza la necesidad de políticas públicas y estrategias institucionales que garanticen el acceso, la permanencia y el éxito académico de los estudiantes en condiciones de vulnerabilidad. La educación superior debe ser accesible y sostenible para todos, reconociendo la diversidad de trayectorias y realidades que atraviesan los estudiantes de Trabajo Social.
Recomendaciones y líneas futuras de investigación
Es necesario que las instituciones educativas implementen programas de acompañamiento y flexibilización curricular para estudiantes trabajadores, promoviendo horarios más adaptables y modalidades de estudio más accesibles. Asimismo, futuras investigaciones podrían profundizar en el impacto a largo plazo del doble rol en la trayectoria profesional de los estudiantes, así como en las políticas laborales que podrían mitigar sus efectos negativos
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Información adicional
redalyc-journal-id: 1942